Saneamiento y Espacio Urbano.
Burgos 1870-1920

Juan Carlos Rodríguez Santillana

Burgos, 2002

ISBN: 84-87528-09-0

200 páginas

16,00 € 

   

 

     

El autor

Después de concluir el análisis de la abundante documentación existente, no cabe hoy la menor duda de que la inundación sufrida por buena parte de la ciudad baja el 11 de junio de 1874, como consecuencia del desbordamiento del río Vena, es el verdadero punto de inflexión en la política de saneamiento en Burgos. En las cinco décadas siguientes, abonado siempre el campo por los postulados del higienismo que se va instalando en la sociedad europea occidental del momento, el entramado de colectores de la ciudad va a experimentar una modificación y una ampliación de tal envergadura que en nada recuerda al de partida. De un espacio público urbano maloliente, insalubre y encharcado tras cualquier chaparrón, se pasa a una ciudad rotundamente más limpia y cuidada.

 

El proceso se inicia, como parece lógico dada la estructura espacial y social de la capital, por las calles o barrios situados en la margen derecha del Arlanzón que, además de ser ya en estos momentos el verdadero corazón de la vida urbana, soportan las mayores concentraciones de población. Esa alcantarilla principal no sólo es fiel reflejo de la tecnología del momento, sino que, por su dilatadísimo proceso de aprobación, ejecución y mejoras, nos permite reconstruir en gran medida el mosaico de intereses y poderes locales en una interesantísima relación dialéctica entre arcaísmo y modernidad: derechos medievales, dudosos títulos de propiedad, intereses profesionales y económicos aparecen y reaparecen en los seis años que dura su ejecución completa.

 

Tras la construcción de esa pieza principal parece llegada la hora de los barrios del sur de la ciudad, en la margen izquierda del río. Estos barrios, a caballo siempre entre lo rural y lo urbano, y aglutinados especialmente en torno a históricos conventos y monasterios, estaban siendo los verdaderos receptores de los nuevos contingentes de población que, procedentes sobre todo de los pueblos más próximos, iban llegando a la capital desde mediados de la centuria.

 

Se ha introducido un capítulo, vinculado sin duda al proceso de mejora de la red del alcantarillado, dedicado al conocido ya en esos años como “Plan de Reformas de la ciudad de Burgos”, fechado, para la parte que finalmente se redactó en 1891. Este Plan puede calificarse decididamente como la contribución que desde los planificadores urbanos burgaleses se hace al listado de propuestas, más o menos semejantes, que por estas mismas fechas aparecen en buena parte en las ciudades españolas –excepción hecha de los grandes conjuntos urbanos, adelantados a ello algunas décadas–. A pesar de ser un intento frustrado, incluso en su redacción, y haberse concretado, curiosamente, sólo en algunos diseños de alcantarillado, merecería un estudio completo. Resultaría muy esclarecedor, por ejemplo, vincularlo a los otros nuevos equipamientos con que se va dotando la capital en estos momentos: alumbrado público, agua corriente en las casas, lavaderos públicos, suministro de gas, nuevos mercados…

 

Al final, esta transformación de la red para el saneamiento del conjunto urbano burgalés supondrá en el periodo de cincuenta años analizado, la intervención sobre casi 10.000 metros de colectores y el desembolso, especialmente por parte de las arcas municipales, de medio millón de pesetas corrientes. Además, no sólo habrá mutado el entramado físico de alcantarillas, sino que, de cara al futuro, habrá variado irreversiblemente la visión que sobre los problemas y necesidades del saneamiento público tendrán tanto los vecinos como las autoridades de la capital burgalesa.

 

   

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ SANTILLANA, nació en 1957 en Burgos, ciudad en la que cursó sus estudios de Bachillerato. En 1980 se licenció en Filosofía y Letras (Geografía e Historia) por la Universidad de Valladolid, dentro de la primera promoción que realizó íntegramente sus estudios universitarios en el campus burgalés.

 

Al año siguiente ingresó en el Cuerpo de Catedráticos de Bachillerato, obteniendo durante los cursos siguientes destinos en Asturias, Cantabria y, finalmente, en el Instituto “Diego de Siloé” de la ciudad de Burgos. Entre diciembre de 1986 y septiembre de 1989 dirigió el Centro de Formación del Profesorado de Castro Urdiales (Cantabria), y durante el curso 1989-1990 ocupó la plaza de Asesor de Ciencias Sociales en su equivalente de Burgos.

 

En septiembre de 1996 fue nombrado Jefe de la Unidad de Programas Educativos en la Dirección Provincial de Educación de Burgos, que dejó en agosto de 1999 al ser designado como Director Provincial del Ministerio de Educación y Cultura en Burgos, cargo que continuó ejerciendo tras asumir la gestión de las enseñanzas escolares en enero de 2000 la Junta de Castilla y León.

 

Entre 1990 y 1995 presidió el Grupo de Didáctica de la Geografía, de la Asociación de Geógrafos Españoles, asumiendo la representación de ésta ante la Conferencia Permanente Europea de Asociaciones de Profesores de Geografía.

 

Ha integrado diversos comités organizadores y científicos de jornadas, encuentros y congresos geográficos, muy especialmente aquellos vinculados con su Didáctica. Es dentro de esta especialización donde más trabajos ha publicado, junto a otros vinculados a la Geografía Agraria, la Demogeografía y la Geografía Urbana.